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IRRESISTIBLE PROPOSICIÓN DE UN ILUSO ENAMORADO por Pilar Navaz PDF Imprimir E-Mail
Muy Señora mía: 

Tal vez le parezca una insolencia a tan poco tiempo de la muerte de su marido, pero le he esperado toda una vida y apenas nos queda tiempo. Estoy seguro de que usted me recordará, pues yo no he podido olvidarla desde que compartió conmigo su regaliz de palo en las tapias del colegio. Desde entonces, no he dejado de soñar con sus trenzas de azabache y sus ojos fieros. He seguido sus pasos cada día, y a veces, con el corazón destemplado al verla pasear cogida del brazo de su orondo esposo; afortunadamente para ambos, ya fallecido. Es por ello que este fiel servidor suyo, que lo es, comparece ante usted y como mejor proceda a su consideración, DICE:

Que en la representación que ostento sobre mi propia persona, yo, Nicanor Casto Doncel, natural de Arroyo del Puerco, de estado civil soltero, de profesión alguacil, ahora ya jubilado, con casa propia con agua corriente y ducha, una cama donde caben dos y con posibles suficientes, bajo el colchón, para vivir una existencia sin problemas económicos, por medio de la presente deseo interponer demanda de matrimonio bajo las siguientes cláusulas:

Primera,
Siendo conocedor de la precaria situación económica en la que el deceso de su derrochador cónyuge le ha dejado, sirva mi compromiso de derogar su responsabilidad ante las deudas adquiridas, mediante mis importantes influencias que no cabe explicar aquí.

Segunda, 
Considerando mi avanzada edad y no habiendo hecho uso de matrimonio, hasta ahora, renuncio a dejar de ser célibe si así usted lo desea, pues es tal el cariño que le proceso que su sola compañía me basta.

Tercera
Considerando que han pasado muchos años desde que perdí los dientes como consecuencia de la coz de una mula, quedaría exenta de cocinar para mí, a excepción de algún caldito que otro en invierno y algún gazpacho, ya que me consta que ambas cosas las hace usted muy bien, pues no en vano he escuchado a su difunto esposo, en más de una ocasión, comentarlo en la cantina del Ayuntamiento que, aunque lo hacía sin demasiado entusiasmo, estoy seguro de que es verdad.

Cuarta
Considerando que tras treinta y ocho años de matrimonio algún cariño le habrá quedado hacia el difunto, no me opondré a que vaya al cementerio a llevarle flores, al menos una vez al año, aunque no se lo merezca, pues me consta que no le dio muy buena vida, ni la quiso como la quiero yo.

Quinta
Siendo conocedor de que a usted no le gusta ni el fútbol ni los toros y no queriendo que ello pudiera ser un elemento de conflicto, le autorizaría a que se fuera al Hogar del Jubilado o incluso a misa al comienzo de cada retransmisión, pues no es mi deseo obligarla a ver aquello que detesta.

Sexta
Entendiendo que no dispongo de lavadora automática, por las minúsculas dimensiones de mi cocina, le eximiría de lavar mi ropa, ni siquiera de remendarla, pues ya es costumbre adquirida el tirarla cuando ya está muy sucia o rota. 

Séptima
Considerando que, como consecuencia de la coz recibida y ya mencionada, acostumbro a roncar  entre tres y seis de la madrugada, le proporcionaría suficientes tapones de cera de la mejor calidad, si así usted lo requiriera.

De conformidad con todas las cláusulas, OTROSÍ DIGO, que éstas han sido redactadas exclusivamente por mí en plenas facultades mentales y sin que haya mediado coacción alguna, tan sólo pensando en su bienestar por lo mucho que la amo, y por ello, 
SUPLICO que dé aquiescencia a mi demanda de matrimonio señalando día y hora, pues esta parte, que la admira, manifiesta su voluntad de cumplir todas y cada una de las cláusulas y hacerla feliz por el resto de sus días; y si éstos sumasen más que los míos podrá disfrutar de un pensión de viudedad nada desdeñable que le permitirá vivir sin penurias.
Por todo lo expuesto, confío en su buen sentido común y en que accederá a hacer de mí un hombre feliz en el ocaso de su vida.
Suyo afectísimo.
Su eterno enamorado.

Pilar Navaz
 
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