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LA DECISIÓN por Gregorio Torres. PDF Imprimir E-Mail
(Pieza corta en cuatro cuadros)
Personajes:
Higinio, el paciente.
Demetria, la esposa.
Amancio, el amigo.
D. Prudencio, el cura del hospital.
Doctor, el médico que le atiende.

Cuarto de un hospital. En la cama, rodeado de artefactos Higinio, a su lado sentada en una silla, Demetria dormita. Aquí y ahora. 
 
UNO.
(Golpes suaves en la puerta).
Demetria: Sí…
(Entra Amancio con un paquete en la mano y un vaso de plástico en la otra).
Amancio (Le da el vaso y deja el paquete sobre la mesilla): ¿Cómo…?
D: Ahora, mejor… la noche,  agitada… incoherente.
A: ¿Y el doctor…?
D: (Bebiendo a sorbos): Aún no viene (Mira el reloj), traerá los resultados… espero.
A (Señalando el paquete): Son pastas de mantequilla, te sentará bien tomar…
D: No tengo ganas… gracias.
A (Junto a la cama): Bueno, paisano, parece que ésta es fuerte… pero veremos, hombre.
(Golpes en la puerta. Los dos, mirándose):
D y A: Sí…
(Entra el doctor en bata blanca y nos papeles en la mano):
Doctor: Buenos días… ¿cómo ha pasado la noche?
D: Muy agitad… ¿Qué nos trae?
DR: Malas noticias, los análisis son contundentes, ¿puedo?
D: Claro, claro (Señalando al otro), Amancio es su mejor amigo, paisanos y… desde chicos…
DR: Bien, el internista me dice que está en fase muy avanzada, prácticamente tiene infectado todo el organismo (Pausa)… para que lo entiendan… es como si el virus le estuviese corroyendo todos los órganos a través del sistema circulatorio, linfático… invadiendo desde el cerebro todos los órganos… ¡ya no puede frenarse!
D: ¿Entonces…?
Dr.: Es un milagro que se mantengan algunas constantes vitales, la presión arterial, el ritmo cardiaco, la hemoglobina… y los riñones… tendrá luego un choque séptico fatal, es cosa de tiempo… ¡Lo siento!, solo queda esperar, decirlo a los hijos… 
D: No tenemos hijos.
Dr.: Ya…, pues poner sus asuntos en orden (Pausa). Ahora, tengo que seguir…
(Amancio, la consuela).
A: ¿Y no hay nada más que se pueda hacer, doctor?
DR. (Negando): Acaso, acortar el proceso… pero (Señala a Demetria), eso es cosa suya (Saluda con la cabeza y sale). 
(Se apaga la luz).
 
DOS 
(En escena, Demetria, sola, mira hacia fuera por la ventana del cuarto).
Higinio (Se incorpora de golpe y arroja el respirador): ¡Quiero comer… vino, dadme vino, que venga la enfermera de las tetas…!
D (Sobresaltada, corre junto a él): ¡Higinio!, ¡calma, calma…! 
(Mientras Demetria sujeta al marido en la cama, este sigue pidiendo con fuerza): Un Rioja… un maldito Verdejo, ¡coño, lo que sea!… y que lo traiga la rubia, la jovencita esa, la de las gafas, no… que me mira muy malamente, aviesa… 
(Golpes suaves en la puerta).
D: ¡Pase!
(Entra don Prudencio, el cura del hospital, que merodea alrededor de los  pacientes más graves).
D. Prudencio (Solícito): ¡Vaya… veo que mejora!
H (Gritando): ¡Pasta, quiero pasta…, mucha pasta!
D. Pr. (Mirándola extrañado): ¡Quiere espaguetis!... macarrones.
D (Con sorna): ¡No le gusta la comida italiana!
(Higinio muy agitado, intenta levantarse de la cama).
D: ¡Ayúdeme, Don Prudencio, ayúdeme! (Entre los dos le sujetan e Higinio cae en un sopor agitado).
 (Pausa).
D: No, no está mejor, está desahuciado. El pobre Higinio (Solloza) se va a morir, pero no sabemos cuándo, puede seguir así… con estos estertores de vitalidad, como si remontase, el pobre…. pero no hay nada que hacer, ni salida, ninguna salida, el virus ese, que es como si le corroyese por dentro, corruptofilosis  generalizada le han diagnosticado, y se ha extendido por todo el organismo (Se lleva un pañuelo a los ojos).
D. Prudencio: ¡Vaya, me lo temía!...  es ese virus, argentococo listellum, le han llamado por ahí fuera, creo, y lo han traído los inmigrantes, claro, los de allí sobre todo, (Hace un gesto aclaratorio) donde se dan muchos casos… allí es epidemia, dicen, aquí menos graves, dónde va aparar, y es muy, muy… pero, ¡hay que tener esperanza, hija!  
D: ¡¿Qué esperanza, hombre?!... si ya le hicieron de todo al pobre… ¡si solo ha faltado ponerle esperma de ballenato en vena!… ¡yo qué sé, estoy…!. Además todo  a nuestra costa, mejor dicho,  a la mía, que ahora esto no entra por la…
D. Pr.: ¡Resignación, mujer, resignación!... que todo está en manos de Dios, y Él sabrá… (La consuela).
D: ¡Qué coño sabrá Él!
(Se apagan las luces)
 
TRES. 
(En escena, Demetria y Amancio)
A: ¿Qué has pensado? (Pausa), porque esto no puede seguir así, sabemos cuál es el proceso, lo ha explicado, dentro de un tiempo, puede que largo, un choque séptico… lo  dicho el médico, se pondrá cada vez peor hasta que… bueno, creo que hay que hacer algo, terminar con esta situación, en su estado, no es digno ni sensato seguir esperando, aumentando este deterioro vital del que no va, no puede, salir con bien, sino todo lo contrario, empeorarlo más cada día que pase.
D (Angustiada): ¡Pero puede llegar algún remedio, alguna vacuna, un fármaco, nuevo o algún médico que sepa lo que hay que hacer! Como dice el cura, no se puede tirar la toalla, hay que esperar, quizá lo supere… tal vez pueda salir adelante.
A: Pero, ¿tú que quieres?, tú, no lo que diga él, que está para eso, intentar que convencerte para que todo siga igual, sin esperanza, pero salvando los muebles, sus muebles, los de la esperanza falsa, los de una mejoría… que ya es imposible (Pausa) Piénsalo… ¡se necesita poner remedio a este disparate!  (Quedan en silencio)

D: Y tú, ¿qué piensas?
A: Pienso, que sería mejor… ya sabes, lo insinuó el médico cuando nos dio el diagnóstico, que puede ser una agonía lenta, no tiene posibilidades, Demetria, lo sabes, es inútil alargar tanto sufrimiento, él lo diría, ¡hacedlo!... Bueno, mujer, mañana lo decides, ahora vete a dormir, yo me quedo esta noche.
(Ella sale, Amancio queda pensativo. Se apaga  la luz).
 
CUATRO. 
(Es de madrugada. Silencio total, solo los aparatos que chequean al paciente y su respiración. Amancio bebe cortos sorbos de un vaso de plástico. Se acerca a la cama con la silla).
A (Le habla cerca): Amigo, paisano, cuanto tiempo ya, juntos, ¿eh?, desde que tirábamos piedras al río en el bosquecillo de álamos del recodo del río… ¿te acuerdas?, tú eras ya un cabroncete, le atizabas a los pájaros con aquel tirachinas que te hizo el zapatero, ¡joder, la de ellos que te cargaste!
(Se levanta y pasea por el cuarto hablando en voz alta).
Luego, al venir aquí, en el instituto, intentando ligar como fieras… pero no nos comíamos una mierda, oye, tu sí, alguna calló, una muy pizpireta que te gustaba mucho… ¿cómo se llamaba? (Intenta recordar), no, no lo recuerdo… pero era divertida y le gustaba jugar…  a todo. (Sonríe al recordar y se sienta a su lado).
Luego, ya aquí, durante los estudios, yo me metí en líos por la política y me costó algún disgusto… Tú en cambio, hecho todo un buen chico, de misa diaria, pero un chivato con los revoltosos y un “pelota”, pero a escondidas, un golfo, un  chuleta macarra… y no quiero entrar en detalles, paisano, no es momento.
Cuando conociste a Demetria, creí que habías cambiado, oye, de verdad, pero te has aprovechado de ella hasta decir basta, te has hecho rico con todas las golferías y trapicheos que has podido, cabrón, y te hiciste rico en dos patadas… pero hasta aquí has llegado, ¡rufiancete! 
Sí, es cierto que ella lo aguanta todo, que tiene una paciencia de santa, increíble, pero ahora hemos tocado fondo y ya no se puede alargar esto… tu infección es causa mortis, que diríamos en un tribunal (Le habla casi al oído), ¿verdad?, y antes de que caigas en un coma profundo entre convulsiones y delirium corruptus… ¡ja, ja, ja, ja…!, tiene gracia, chico… delirium corruptus, ja, ja, ja… ¡cuánto nos reímos entonces, pero ahora, haciendo un símil, ni los hombres de negro hubiesen podido sacarte del pozo, hombre, y atajar esta infección…, ahora ya es irreversible, muchacho, y yo voy a librarte, a librarnos de tanto sufrimiento, porque, ¿sabes?, yo quiero a Demetria, y voy a cuidar de ella, para que siga siendo esa mujer bella y generosa, abnegada también, ¡claro que sí!
(Se levanta y va hacia el dispositivo clínico con el que respira. Se abre la puerta y entra Demetria).
D (Ansiosamente): ¡Ya lo he decidido, Amando!..., lo he pensado y lo tengo muy claro, pero quiero ir a ver al padre, perdona… ¡vuelvo en seguida! (Sale)
(Amancio, no dice nada. En silencio regresa al aparato que mantiene las constantes vitales a Higinio).  
TELÓN
Gregorio Torres Triviño
23 de abril 2015 
 
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