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DOMINICALIA por Gregorio Torres Treviño. PDF Imprimir E-Mail
Tarde-noche de domingo. El honrado padre de familia tras una jornada lúdico- campestre tranquila, divertida incluso durante la partida de petanca con los nietos a pesar de que solo le dejan ganar un par de veces (¡tramposos son, oyes!), se dispone a tomar un “relaxing bote-llin” de cerveza “cero-cero” frente al televisor. 
Zapeo uno (en La 5):
-¡Hombre, aquel ex!… ¡Tanto tiempo! –musita. 
Se detiene con el dedo en el gatillo, esperando a ver qué pasa, pero sin soltar el mando. El entorno es amigable, tapizado en colores suaves, “sangre diluida”, y se sientan de modo informal en un divancito coqueto. Todo armonioso y bello, excepto quizá la contundente apariencia del entrevistado.
La periodista le tutea, ¡Vaya, hay “feeling” y familiaridad!, piensa el hombre. Hablan de cobrar por ser ex, él lo justifica con retorica aplastante, que a-plasta, y luego, sobre ser consejero de una energética, “solo por saber de qué va eso”, dice. La remuneración, pequeña, pues los impuestos se lo llevan todo, añade.
-¡Curioso este socialista, oyes! –musita el honrado pater familiae.
“Pero todo transparente, no como esos que se dan de alta como empresa para pagar menos impuestos –señala con mirada cómplice y actitud risueña-, esos esos… ya sabes”- ríe con júbilo y expresión de jurista astuto frente a la amigable periodista.
Caramba, piensa el ciudadano con memoria, y eso lo dice el Señor X. Sí, hombre aquel de cuando los Gal, Amedo y Domínguez, el de los fondos reservados, el de Roldán y Vera, el del corro de la patata en el presidio… sí, hombre, sí, que se nos olvida, uno al que el juez señaló con una letra incógnita, por determinar, y se fue de rositas, como una Purísima, sin romperse ni mancharse, que diría un malpensado, después de una guerra sucia en la que cascó gente que no era de esa guerra. 
La dignidad del honrado padre de familia, y su estómago, no lo aceptan. Aprieta el botón. 
Zapeo dos (Otro canal cualquiera).
-Hombre, los goles de la jornada –intenta reponerse.
En el plasma, unos señores en traje de faena, se preparan para el evento y ¡oh, curiosa imagen repetida!: aquí, uno se santigua, allí, otro reza inclinado sobre el césped, más allá, otro se hinca de rodillas, aquel escupe… Pero todos agradecen mirando a lo alto el gol que quieren marcar. O tal vez agradecen la enorme pasta que ganan con sus carreritas y fintas en los entrenamientos de diario y la hora y media escasa sobre el terreno… ¡Joder, así cualquiera tiene fe, esperanza y caridad!, se dice el hombre del mando a distancia. En las gradas, miles les aplauden, incluso, los parados, los desahuciados, los jubilatas, los que están en peligro de “ere-darse” si Dios no lo remedia, los… ¡Son sus héroes!, aunque paguen sus impuestos se van a Andorra, a las Caimán o la Barranquilla.
Náuseas, otra vez el gatillo presto, y zas, milagro, otro canal. ¡Se siente el rey del oeste! 
Zapeo tres (La Sexta).
Un hábil interrogador, somnoliento espera a que el hermano presidente le reciba. Su intención, clara: asestarle bofetadas allí para que sean puñetazos a los que aquí amenazan a “La Casta”. ¡Cosas de los dueños de las cadenas, ellos son así!, piensa el hombre.
Imágenes: calles sin asfaltar, niños bebiendo agua de un cauce amarillento,  miradas tristes…
“Presidente, mientras inauguraba el polideportivo, he visto… (aquí, el relato de esas imágenes). ¿No es eso populismo?” –pregunta incisivo el hábil interrogador.
“Con su mente de conquistador, sí –¡zas!, en toda la jeta-. Populista, puede, porque yo estoy al servicio del pueblo, hago lo que me pide, lo que quieren, y el polideportivo fue el proyecto que ellos pidieron” –¡zas, zas! ¿Duele, eh?, se dice el honrado trabajador.
Ahora, le muestra una foto: “Aquí está usted con Castro y Chávez, el Eje del Mal, dijeron… Y al aparecer yo, nada más ser presidente, me incluyeron también… pero -insiste el reportero-, yo he hablado con la gente y algunos dicen que usted es un dictador, un totalitario… que ha ganado unas elecciones limpias, con el sesenta por ciento de los votos…”- le ataja el otro.
Me parece que los puñetazos en la cara a los de aquí, se han quedado en menos que en cariñosas tobas, piensa.  
Zapeo cuatro (La 6ª).
El rostro maquillado de un ministro de nombre ignorado, es sagazmente entrevistado por una hábil reportera, o eso dicen. Las motos parecen mejor opción, quizá ya se sepa lo que van a decir, uno y otra… ¡lo de siempre!, nada, mentiras, pompa y circunstancia, piensa el malpensado del mando rápido.
Himno, banderas. En el podio el ganador sonriente, sin gorra publicitaria, ¡vaya, el protocolo! Qué pena que tenga residencia en San Marino o similar, piensa otra vez el malpensado, y se larga. Ya nada le consuela.
Zapeo seis (La 4)
Esto le parece lo mejor, lo más digno, encomiable, ver a la Guardia Civil hacer su trabajo, duro, sacrificado, peligroso, en las carreteras, parando a los que van bebidos, drogados, apartándoles del riesgo de morir y matar al volante. Lo hacen con corrección, pese a las impertinencias, con seguridad, con eficacia legal. Se siente dignificado.
Hace rato que el “relaxing bote-llin” se ha terminado. Bosteza, mañana madruga, como cada lunes, y todos los días de cada semana, de cada mes, de cada año, ¡y qué no falte, se dice! Es un curro fijo, triste pero fijo, ¡El mono te espera temprano, muchacho!, se dice mientras va al dormitorio. 
Buenas noches, zapeador, te lo has ganado, añado. 

Gregorio Torres Triviño
13 de marzo 2015

 
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